Juan Román Riquelme abrió una ventana a uno de los episodios más dolorosos de su vida familiar: el secuestro de su hermano Cristian, conocido como “Chanchi”, ocurrido a principios de abril de 2002.

Fueron días de enorme angustia para la familia Riquelme. Tras la liberación de Cristian, el reencuentro familiar estuvo marcado por las emociones y por una charla entre los hermanos que Román nunca olvidó.

En ese primer intercambio, Chanchi no le hizo un pedido relacionado con el dinero ni con el fútbol. Lo que quería era mucho más simple y significativo: que su hermano volviera a jugar el fin de semana siguiente frente a Huracán, en el estadio Tomás Adolfo Ducó.

Román no había entrenado durante la semana debido a lo ocurrido, pero el entrenador Óscar Washington Tabárez, conocido como el “Maestro”, decidió incluirlo como titular para aquel encuentro.

La historia refleja cuánto significaba el fútbol para ambos, incluso en medio de una situación límite. Para Chanchi, ver a Román nuevamente en la cancha era una manera de recuperar algo de la normalidad después de aquellos días difíciles.

“Pensamos igual, vivimos igual, sentimos igual”

Al recordar aquella historia, Riquelme dejó en claro que la relación con su hermano ocupa un lugar central en su vida. Más allá de su carrera como futbolista, sus títulos y su actual función como presidente de Boca, Román destacó el vínculo personal que construyó con Chanchi.

“Pensamos igual, vivimos igual, sentimos igual. El Chanchi, junto a mis tres hijos, es lo más importante que tengo en mi vida. A la María la tengo que sacar, es mi mamá”, expresó.

La frase mostró el costado más íntimo del ídolo xeneize. En una historia atravesada por el miedo y la incertidumbre, el pedido de su hermano quedó grabado en su memoria y se convirtió en un recuerdo que va mucho más allá de un partido de fútbol.

Para Riquelme, la familia siempre fue un pilar fundamental. Y aquella anécdota de 2002 volvió a ponerlo de manifiesto: incluso en uno de los momentos más difíciles que le tocó atravesar, el fútbol y el amor por los suyos estuvieron profundamente conectados.